La honrada by Jacinto Octavio Picón — Read

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Fluctuando entre el despecho de verse postergada y la resignación a que por bondad nativa se inclinaba, dejó Plácida transcurrir algunas semanas, durante las cuales comenzó a sentirse enferma. Perdió las ganas de comer, experimentó en todo su ser un cambio extraño, el menor ejercicio le causaba extrema laxitud y fatiga, y por último se le acentuó tanto la dificultad en las digestiones, que no pasaba día sin vómitos ni noche tranquila. Al principio, creyó que tales molestias no eran sino consecuencia de lo que moralmente sufría, hasta que una tarde, al mes y medio de aquel persistente malestar, hallándose sola en su gabinete, comprendió que era otra la causa.

Imaginando traza de reformar un vestido, buscó un periódico francés de modas a que estaba suscrita, y no hallando el número que deseaba, empezó a calcular cuál era la fecha que le correspondía, teniendo para ello necesidad de recapacitar acerca de cuándo había recibido los últimos figurines. Permaneció un rato contando días por los dedos, cuando de pronto, por relación de ideas, se acordó de algo íntimo, personal privativo de sí misma: repentinamente se dirigió a una mesa, cogió un calendario y lo consultó con afán, volviendo a contar y recontar fechas, presa de una emoción indescriptible. Cuando soltó el calendario dejándole caer sobre un velador, estaba pálida y desencajada. El cómputo de fechas y la cuenta de días que con el pensamiento estaba haciendo, no se referían ya al número del periódico, sino a otra cosa que, de ser cierta, explicaba los vómitos, las malas digestiones, los vahídos, todo.

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