Explore "El falso inca" by Roberto Jorge Payró on Textopian. Read with annotations and highlights.
El ensoberbecido Bohórquez no permanecía ya encerrado en Tolombón; hizo muchas excursiones más o menos lejanas, y una de ellas a visitar a los quilmes, formidables guerreros cuya ciudad constituía una verdadera fortaleza. Afectaba la forma de un sector, cuyos dos radios eran las dos paredes de una quebrada, altas e inaccesibles. Las laderas de estas montañas estaban reforzadas por parapetos y otras obras de defensa. Un acueducto construido en el mismo cerro, a considerable altura, llevaba, desde muchas leguas, el agua necesaria para el abastecimiento de la población. Todas las calles concurrían al centro de la quebrada, formando radios interiores del sector -disposición admirable, pues en caso de retirada ante el enemigo, el mismo retroceso de las fuerzas aparejaba su concentración-, como dice uno de los historiadores del Tucumán.
También fue a Famatina, donde los habitantes de Machigasta lo recibieron con singular entusiasmo, menos el cacique Luis, ganado a la causa española por el cura Herrera y Guzmán, y a quien el falso Inca trató de hacer asesinar, recordando la desconfianza por él manifestada cuando el comienzo de la insurrección.