Explore "Lobo en cepo" by Jacinto Octavio Picón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Lindante con el antiguo caserón de aspecto conventual había un gran jardín, y en su centro, una casa ceñida por macizos de verdura y sombreada por álamos y olmos seculares. Casa y jardín decían con mudas voces que en ellos habitaba mujer, y mujer joven. Ya los alféizares de las ventanas mostraban un canastillo de labor lleno de hilos y estambres multicolores; ya en la mesa de mármol puesta en el centro de un cenador de enredaderas se veía una sombrilla de seda clara; ya en las sillas de hierro quedaban por olvido los manojos de flores recién cortadas; ya a ciertas horas solían escucharse, amortiguados por cortinajes y persianas, el tecleo de un piano bien tocado y el timbre fresco y penetrante de una voz juvenil, que así sabía expresar la soñadora melancolía de los grandes maestros alemanes como romper en los alegres ritmos de la tierra andaluza.
El dueño de aquella casa era don Gaspar Villarroel, caballero viudo, riquísimo propietario de haciendas en casi todas las regiones de España, accionista del Banco, tenedor de sumas enormes en dollars norteamericanos, en cuatros de la Deuda francesa y en treses de la de Inglaterra: y aquellas sombrillas olvidadas, las labores que por las ventanas se veían y los cantares llenos de poesía eran de Helena, su hija única, de veinte años, que andando el tiempo había de ser muchas veces millonaria.