Explore "Los tres sorianitos" by José Ortega Munilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
Un día, como si fuese cosa de magia, los hijos de Dióscoro Cerdera, se hallaban a muchas leguas de la costa española, en un gran vapor, en una villa que marchaba, como decía Basilio. Los tres huérfanos, estaban en la clase de tercera, en la más humilde. Pero tenían donde dormir tranquilamente. Gozaban de rancho admirable, tanto, que Próspero decía a sus hermanos: «Comed menos, no os atraquéis, porque puede haceros daño el exceso.» Y Generoso contestaba: «Es que es muy rico este potaje. Déjame que coma a saciedad.»
En ese tránsito que duró veinte días, los chicuelos de Pareduelas-Albas, experimentaron, primeramente, la impresión de la bienandanza. Vivían ellos harto míseramente, para que no les impresionaran la esplendidez de la comida. ¿Pan? Todo lo que se quería. Escudillas completas de carne, garbanzos y habichuelas. Otras escudillas con tocino y legumbres y berzas. Ración de vino… Las bodas de Camacho. Cierto que alguno de los emigrantes viejos, protestaban. Eran gentes de ida y vuelta, que no iban a trabajar a las nuevas tierras américas, sino ver si hallaban en ellas el prodigio de vivir sin labor. Pero no conseguían estos descontentadizos impresionar a los laboriosos querientes de un haber más pingüe que el de la tierra nativa.