Cuervo by Leopoldo Alas — Read

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En Laguna se formaron dos partidos: el de Cuervo y el de don Torcuato. El del doctor tenía su órgano en la Prensa, Juan Claridades; el de Cuervo, no; ni lo quería, ni lo necesitaba. "¡Puf! ¡Papeluchos!", decía don Ángel, que despreciaba la Prensa local con todo su corazón. Cuervo no escribía, hablaba; pero como él era bienquisto (frase favorita suya) de toda la población, y estaba en todas partes, sus palabras tenían mucha mayor publicidad que los artículos del otro. Hablaba y recitaba letrillas, único género literario que él creía digno de ocupar su ingenio. De noche, en la cama, o tal vez mientras velaba a un moribundo, o cuando después seguía su cadáver camino del cementerio, se entretenía en componer aquellas "cuchufletas", según las llamaba siempre; las aprendía de memoria, daba en seguida la noticia del hallazgo a un amigo íntimo, diciéndole al oído: "Cayó una", y el amigo, delante de otros pocos íntimos, le decía: "Vamos, don Ángel, venga eso.: ya sabemos que cayó otra"; y después de hacerse rogar, sonriendo y rascándose la cabeza someramente, comenzaba con voz muy baja y, mirando a las puertas y ventanas, como si temiese que por allí pudiese entrar el otro:

"¿Quién.?", etc., etc.

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