Explore "Su único hijo" by Leopoldo Alas on Textopian. Read with annotations and highlights.
Grandes acontecimientos vinieron a sacar a Reyes de estas intermitentes veleidades místicas, que él mismo, en sus horas de sensualismo racionalista y moderado, calificaba de enfermizas. El infeliz Bonis no pudo menos de recordar un pasaje muy conocido de La Sonámbula; aquel de: ah, del tutto ancor non sei cancellata dal mio cuor,
(según él lo cantaba), cuando llegó la hora de despedirse de Serafina Gorgheggi; la cual, deshecha otra vez la compañía, iba con Mochi contratada al teatro de la Coruña. Aquella separación había sido una amenaza continua, la gota amarga de la felicidad en los días y meses de ciega pasión; después un dolor necesario, y hasta merecido y saludable, según pensaba el amante, lleno de remordimientos y de planes morales. Pero al llegar el momento, Bonis sintió que se trataba de toda una señora operación practicada en carne viva. Con toda franqueza, y explicándolo todo satisfactoriamente por medio de una intrincada madeja de sofismas, Reyes reconoció que los afectos naturales, puramente humanos, eran los más fuertes, los verdaderos, y que él era un místico de pega, y un romántico y un apasionado de verdad. ¡Ay!, separarse de Serafina, a pesar de aquella tibieza con que su espíritu la trataba de algún tiempo a aquella parte, era un dolor verdadero, de aquellos que a él le horrorizaban, de los que le daban la pereza de padecer. ¡Era tan molesto tener el ánimo en tensión, necesitar sacar fuerzas de flaqueza para aguantar los dolores, los reales! Y no había más remedio.