Explore "La Familia de León Roch" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desde entonces la enfermedad de Ramona no ofreció cuidado, y conocido en Madrid el buen término de ella, llenóse el palacio de amigos que corrían á felicitar como antes habían ido á compadecer. Hay gentes que viven así, felicitando y compadeciendo todo el año, y que se morirían de tedio si no hubiera muertes y bautizos, carruajes y tarjetas.
León partió á Madrid cuando los blasonados coches empezaban á entrar en el parque de Suertebella. A medio camino volvió para advertir que no olvidara de dar á la convaleciente una medicina que ordenó el médico. Esto le inquietaba tanto, que en todo el día no cesaba de decir para sí: «¡Si la levantarán antes de tiempo. si no la abrigarán. si echarán demasiado cloral en el jarabe. si le darán golosinas.» Aquella tarde despachó en su casa varios asuntos, hizo luego algunas visitas indispensables, y por la noche se retiró temprano. No vió á su mujer, ni su mujer hizo por verle á él. A la mañana siguiente tomó el camino de Suertebella, donde una grata sorpresa le esperaba. El Marqués de Fúcar acababa de llegar, acompañado de un ilustre extranjero, el Barón de Soligny, el gran Fúcar de la nación vecina; hombre que andaba olfateando las naciones en busca de esos negocios enormes, fáciles, que nacen más espontánea y frondosamente en el seno de los pueblos desgraciados. Del mismo modo crecen ciertos árboles en los terrenos muy cargados de basura. No tardaría en venir de Madrid el Sr. D. Joaquín Onésimo, ya Marqués de Onésimo, llamado á toda prisa por Fúcar para conferenciar sobre el proyectado empréstito nacional.