Antígona by Roberto Jorge Payró — Read

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El jóven no durmió aquella noche. Imaginábase la vida triste y dolorosa sin el amor de Manuela, que era para él la única aspiracion, el único lazo que lo uniera verdaderamente al mundo. Pobre pária, sin familia, sin amigos, cifraba toda su dicha en su cariño inmenso, que creia fuese recompensado y correspondido. Pero Armando le habia hecho creer que su sendero, en que crecian flores hermosas, estaba cubierto de guijarros y espinas en que dejaria los trozos de su alma y de su corazon. A las primeras palabras del jóven, sus ilusiones habian emprendido el vuelo, así como una bandada de palomas al escuchar el disparo de la escopeta del cazador. ¿De qué le servia esperar? Manuela no le amaba; es decir, su vida era un infierno. ¡Cuán inmensas proporciones asume una pasion al encontra obstáculos! Los simples caprichos se convierten en amores; la pasion verdadera pasa á ser un tormento eterno, un suplicio terrible que se hace mas doloroso cuanto mas tiempo pasa, cuanto mas lejos se encuentra el que ama del objeto amado, cuanto mas imposible es ese amor.

Todo era negro al rededor del jóven. Cuando las primeras ráfagas de luz tiñeron el oriente, salió á la calle. -Corrió al Paseo de Julio. -Todo estaba solitario y silencioso. -Apenas se escuchaba ese murmullo, imperceptible casi, de la ciudad que despierta y comienza á moverse y agitarse. El río de la Plata se rizaba apenas á impulsos del aire y en su crespa superficie cabeceaban algunas embarcaciones, con ese dulce movimiento que se imprime á la cuna de los niños. ¡Que triste le pareció ese despertar de la naturaleza! Entre las hojas cantaba uno que otro pájaro, haciendo recordar el campo de los alrededores; los árboles del paseo dejaban caer á sus piés las gotas de rocío que la noche habia depositado en sus ramas; el rio murmuraba al lamer mansamente las escaleras de piedra y los anchos maderos del muelle. Todo para Ernesto era doloroso. Comparaba el canto de las aves con los gemidos de su alma, las gotas del rocío con las lágrimas que habia derramado, el murmullo del agua, siempre igual, siempre el mismo, con la monotonía de su existencia sin amor y sin esperanza!.

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