Chamijo by Roberto Jorge Payró — Read

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Transido por la niebla, que le envolvía como una sábana húmeda, haciéndole tiritar bajo sus harapos -Chamijo llegaba esta vez hecho realmente un «girón»-, se internó al caer la noche en las calles desiertas de Lima buscando el abrigo que sólo Carmen le podía proporcionar. La chola se había mudado de casa y sabe Dios lo que le costó saber dónde vivía a la sazón. Mejor hubiera sido no saberlo, pues la mudanza de su amante no sólo había sido de vivienda, sino también de inclinaciones. Recibiole poco menos que como a un extraño, fría y desdeñosa, demostrándole desde el primer momento que le molestaba, que caía muy mal.

-¡Bueno está el virrey contigo! ¡Bueno está Mendoza! Desde que supieron tus hazañas por un arcabucero que volvió hecho una miseria, se han puesto furiosos, y particularmente el marqués, quien jura que has de pagarle bien cara tu engañifa. Te aconsejo que no te muestres, si no quieres dar de cabeza en la cárcel y sufrir una de azotes de padre y muy señor mío, porque el de Chinchón ha husmeado también que lo de Bohórquez y demás es de mohatra, y que si algo te llamas es Pedro Chamijo, mondo y lirondo, sin arrequives ni hidalguías.

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