Explore "Amélia. Estudio de mujer" by Roberto Jorge Payró on Textopian. Read with annotations and highlights.
Entónces comenzó el martirio. Ellos se amaban, y aquella vida en común; aquellas entrevistas repetidas hasta lo infinito; aquellas ocasiones en que ambos se hallaban lejos de todas las miradas indiscretas; aquella pasión desbordante, á que solo esfuerzos sobrehumanos podian poner valla; aquel rostro austero de don Juan, cuyos ojos graves se clavaban en su esposa y su hijo, como una eterna prohibición, como una eterna amenaza, -era algo que les enloquecía, que les mataba lentamente.
En varias ocasiones, cuando Amélia sentada al piano ejecutaba una de esas melodías apasionadas y tiernas, en las que ponía toda su alma con sus pesares infinitos, don Juan, tirano por su temor y sus celos, deseando que Arturo no rodase al abismo arrastrándolos consigo, le decía con voz firme: