Explore "El verbo amar. A Eduardo A. Sola" by Roberto Jorge Payró on Textopian. Read with annotations and highlights.
Miéntras el carruaje los llevaba hácia su magnífica vivienda, Isabel y Julio no pronunciaron una sola palabra. Él, arrepentido, temblaba pensando en las escenas en que iba á ser actor según creía: su esposa haría un alboroto insufrible, digno solo de mujeres del pueblo y hombres de baja estofa, en cuanto llegaran á su casa; sus celos, heridos, en lo más profundo, harian de ella durante semanas; pero aún meses, la más insoportable de las mujeres; pero, mirándose hasta el fondo de su corazón, sentíase culpable, y hallaba razón á su esposa, á quien había faltado indignamente.
Ella, pensando en todos los acontecimientos de esa noche, estudiando la casualidad que la había detenido en la resbaladiza pendiente, sirviéndose para tal resultado de una falta análoga de su esposo; recordando aquella escena de amor que había ido á turbar, casi sin derecho, porque era culpable ella misma; reproduciendo en su imaginación la belleza de su rival, y el aparente amor de Julio, sentía en su corazón tal mezcla de celos, de arrepentimiento, de encono y de rábia, que sus ojos se llenaban de lágrimas, mientras sus manos estrujaban los almohadones del carruaje. Después, había sido tan rápido, tan imprevisto su modo de proceder aquella noche, que no podía menos que preguntarse si había alguna causa oculta que la empujase; y no sin cierto placer comprendía vagamente que su corazón albergaba un nuevo sentimiento, del que era causante su marido.