Explore "El perseguidor" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
El tren cruzaba la extensa llanura de Castilla y Matilde, asomada al vagón, cerca de Daniel, sonreía contenta y satisfecha. Le parecía que era la primera vez que veía todo aquello; recibía con toda su amplitud la sensación que le producía aquel campo de horizonte tan amplio, que en su monotonía y su inmovilidad tenía algo de océano, como si sus colinas y sus ondulaciones representasen una petrificación de las olas. Se sentía feliz yendo de nuevo hacia el mundo con mayor seguridad. Su matrimonio no mataba su libertad, la agrandaba. Lo veía claramente en aquel viaje de novios, emprendido el mismo día de su casamiento, después de quince meses de su vuelta de Londres, resuelta ya a no emprender nuevas peregrinaciones, atemorizada por el recuerdo del terror experimentado en todos sus viajes.
Ella había guardado cuidadosamente su secreto a todos, incluso a su marido. Después de la enfermedad nerviosa que el último susto le produjo, comprendió con claridad que aquel hombre de la pelliza gris la perseguiría en todas partes. No sabía si era el mismo hombre, ni siquiera si era un perseguidor, pero era su perseguidor. La crisis de su soledad.