Explore "Flavio" by Rosalía de Castro on Textopian. Read with annotations and highlights.
Apenas media hora habrían caminado a través de las graciosas hondonadas extendidas al pie de las montañas que iban dejando en pos de sí, cuando Flavio hizo parar repentinamente el carruaje delante de una hermosa casa que, a pesar de sus apariencias aristocráticas, tenía sobre la puerta pintada de verde un rótulo que decía en grandes letras: "Posada". Solitaria y orgullosa ostentábase aquella casa a orillas del camino, con sus balconcillos adornados de tiestos de flores que se enlazaban a los calados festones de sus verjas, con sus bosquecillos de abetos y sauces que sobresalían sobre los delgados muros que la cercaban, con su gran puerta precedida de una reja de madera, y de asientos de granito colocados en círculo y rodeados de acacias y de rosales de invierno que sembraban por la tierra sus delicadas hojas.
El ruido de una fuente se dejaba escuchar en medio del silencio de la noche; destacábanse las torrecillas de una iglesia cercana en el límpido azul del cielo, y veíase al fondo de la campiña y cortando el valle una graciosa montaña, sobre cuya cima los pinos formaban una línea prolongada que iba a perderse suavemente con el terreno en otra montana plana y resbaladiza que se oponía a su paso. Entre aquellas dos moles inmensas que se encontraban y parecían tocarse, la ría seguía su camino hacia el mar, entre fecundos sembrados de maizales y viñedos que parecían ver resbalar alegremente las blancas velas por entre sus hojas, a quien hacían sombra al pasar.