Explore "Flavio" by Rosalía de Castro on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al día siguiente recibió la siguiente carta, que ella leía y volvía a leer siempre que se hallaba sola:
"Siempre he creído que el dolor se mitigaba con el llanto, pero me había engañado. Yo he llorado toda la noche: lloro todavía, y mi dolor no mengua; pudiera decirse que mi corazón se abisma en el sufrimiento. Si pudierais verme en este instante, comprenderíais lo que es el dolor; después de destrozar los almohadones de mi lecho y revolcarme en él como un perro rabioso; después de haber arrancado mis cabellos y herido mi frente, podríais ver aún cómo el dolor implacable redobla sus martirios; podríais ver cómo me ha derribado, me ha vencido, y, dejándome casi inerte y sin fuerzas, prosigue cebándose en mi alma sin compasión. ¡Y cosa extraña!, a pesar de que sois vos el dolor, Mara. Sabed que lo he meditado largo tiempo en medio de mi desesperación. Él no me abandonaría aunque llegara a mataros. ¿Qué hacer, pues? Hubo instantes en que quise estrellar mi cabeza contra las desmanteladas paredes de mi aposento.; pero, ¿cómo, si vos vivís? ¿No me martirizaría Dios en el infierno con el vivo recuerdo de vuestra imagen? En este mundo aún puedo seguiros, veros, interponerme entre vos y los que os cercan; pero ya muerto, todo habría concluido.