El amor a la lumbre by Rosario de Acuña — Read

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Las nueve acaban de dar en el vigilante reloj que anuncia el paso del tiempo sobre los resortes de la vida, vigilante cuyo tic tac semeja a la voz de un amigo querido cuando lo oímos en el silencio augusto de la Naturaleza, en la noche del campo tan distinta de la noche de la ciudad; allí, el reloj es un avisador de placeres o de negocios, en muchos casos un objeto de vanidad, pero jamás un tranquilo compañero de meditación… Son las nueve; la llama sube lamiendo con tornasoles rojos el negro cañón de la chimenea; el olivo se retuerce arrojando menudas chispas que se apagan a nuestros pies; el fiel perro, guardián de nuestra casa, saluda con hondo gruñido el tardo paso de algún carro que vuelve a la ciudad… ¡Las nueve!.¡La hora del placer para tantos que piensan vivir!. ¡Allí se ven algunos en un ancho salón; el encaje, el raso y el terciopelo envuelven con sus informes pliegues la escultural figura de la mujer, la de esos se pierde en una silueta negra que muchas veces no lo es tanto como su pensamiento!.¡Cuántas sonrisas!. ¡Cuántos brillantes!.¡Cuántos seres felices!. ¿Serán verdaderas todas las sonrisas?, ¿serán finas todas las piedras?, ¿no habrá ninguno triste entre tantos alegres?.

El fuego se aviva: grandes brasas se desprenden de los quemados troncos; todo el hogar es lumbre…¡Cuánta ceniza habrá después!. Allí hay otro salón; es grande, circular por tres de sus lados, es un teatro; también allí todo es placer… «¡El autor, el autor!», grita el público… ¿Será todo público?. Ya sale el autor entre los histriones, sobre los envidiosos… ¡Qué alegría se ve en su rostro! Para él no hay invierno; está en el paraíso; al verse un metro más alto que los demás hombres no duda de la inmortalidad, ni de su origen divino; se cree casi un Dios y se deja adorar… ¿Será verdad la adoración de las muchedumbres? ¿Aquellas sonrisas de satisfacción con que el público le saluda, no son la mueca de la envidia detrás de la máscara de la vanidad?. Tantas palmas como se agitan, ¿son de entusiastas por el arte, de amigos o de hipócritas?. Una espesa humareda envuelve los recios troncos del olivo; todo el hogar es humo negro, arremolinado, pronto volará a la serena región del cielo, perdiéndose en la inmensidad del espacio…

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