Influencia de la vida del campo en la familia

Explore "Influencia de la vida del campo en la familia" by Rosario de Acuña on Textopian. Read with annotations and highlights.

Ingenios elevados, naturalezas escogidas, inteligencias privilegiadas, plumas ágiles en las luchas literarias, hombres de corazón y de conciencia han desarrollado, en variadísimas formas, el tema que sirve al presente trabajo: audacia sin igual se descubre en la intención de la pobre mujer, que sin más elementos que un espíritu sutil de observación y una riqueza inmensa de afectos hacia los esplendores de nuestro mundo, pretende argumentar sobre tan vastísimo terreno, llevando al ánimo del lector hacia ese hermoso horizonte que se descubre en lontananza, y en el cual las sociedades del porvenir, cultas, ilustradas y dignas, fundarán las aspiraciones de su felicidad, de su engrandecimiento; hablo de la agricultura. Ímproba es la tarea, muchos serán los esfuerzos que tendré que hacer para realizarla; pero muy grande es también el valor que me anima a emprenderla, y muy arraigados están en mi ser los dulcísimos sentimientos que guarda el alma hacia la naturaleza, que imperiosamente me obligan, no solamente a amarla, sino a inclinar a los hombres a que la amen. Empiezo, pues, y ¡ojalá que al terminar estas páginas más de un lector vuelva los ojos hacia los hermosos campos de nuestra fértil patria exclamando: "-¡Oh tú, naturaleza, madre del hombre, purísima fuente de todos los placeres humanos, bendita seas! ¡Solo en tu regazo halla el espíritu de la vida el dulce calor de la felicidad!

Así es en efecto; veamos cómo. Todo, hasta los más altísimos conceptos y los hechos más asombrosos por su grandeza o trascendencia, toman su origen en las pequeñas causas; la historia del mundo nos lo demuestra; al repasar en nuestra conciencia los hechos íntimos de la vida, también observamos como motores a esas insignificancias que el hombre poco observador desdeña y de las cuales es la primera víctima: pues bien, reduciendo el campo de nuestras observaciones a la vida de la familia, que es la que motiva el presente artículo, es cuando se ven más claramente los agentes microscópicos (permítaseme la frase) bullendo en torno del hogar, sembrando las rencillas, las impaciencias, el hastío, la pereza, la gula, la vanidad, todos esos demonios familiares que hacen profundos surcos en el corazón de los hombres, y que preparan a los recién nacidos una senda de abrojos y de penalidades; esos agentes, factores del empobrecimiento del espíritu, son: la falta de luz directa del cielo; la falta de aire purificado con el contacto de los vegetales; la falta de horizontes ante el ojo humano formado para abarcar grandes extensiones y no para limitarse a estrechos recintos; la falta de contacto con los seres de la naturaleza; sí, ¿por qué no decirlo?, la falta del trato con los animales, con esos seres que nos señalan enérgicamente con sus facultades innatas los orígenes de la vida, y que en más de una ocasión nos muestran el sendero de la racionalidad; la falta de ese augusto silencio de la naturaleza, en el cual se une el pensamiento, vuelve sobre sí, y la mirada de nuestra alma, profundizando los abismos de la conciencia, señala las faltas, descubre las pasiones, anatematiza los vicios, y nos hace dueños de nosotros mismos con todo el poder del racionalismo, al cual no le turban otros rumores que el lejano canto de la alondra, o el melancólico char… char… de la cenicienta chicharra; y resumiendo, la carencia absoluta de comunicaciones con la naturaleza, estos motivos, al parecer insignificantes, producen esa nostalgia febril del alma, que se traduce en un hastío prematuro de la vida, en una perversión de sentimientos capaz de transformar el hogar más honrado en un caos de dudas, en un abismo de desórdenes que a al vez llevan al seno de las sociedades gérmenes perturbadores de envidias, discordias e hipocresías.

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