Explore "La conquista del Perú" by Pablo Alonso de Avecilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
La sorpresa de Coya y la salvación de Almagro, llenó de terror y admiración a Luque, a Pizarro y a todos los invasores, y particularmente a los jefes militares que habían formado el consejo de guerra, porque nadie se podía explicar satisfactoriamente un suceso tan extraordinario. Un destacamento numeroso al mando de Benalcázar observaba a la división de Coya, como ya hemos indicado, y entorpecía e imposibilitaba todos sus movimientos; y la prisión, condenación y ejecución de Almagro, se había manejado con tanta rapidez y tan impenetrable misterio, que nadie lo había sabido en la ciudad, y menos se hubiera podido saber en la campiña.
La hermosa Ocollo, que tanto debía a Almagro, y que en su pecho ardía la más pura gratitud, viendo inútiles sus súplicas y su llanto a las plantas de Pizarro, por un veloz indio, peatón de toda su confianza, dio aviso a Coya en aquellos mismos angustiosos momentos, y Coya enajenada, delirante, se precipitó al peligro, porque su mayor suplicio sería sobrevivir a su adorado.