Explore "Paredes, un campesino extremeño" by Patricio Chamizo on Textopian. Read with annotations and highlights.
La cacería proyectada para el domingo se hizo, por fin, y allí me vi con Rafael, aunque bien a mi pesar.
Durante todo el camino hasta que llegamos a Zarzarromero no dejé de darle vueltas y más vueltas a la cabeza. Pensé, para tranquilizarme, que ese trabajo nos lo había facilitado don Anselmo y él no iba a colaborar en una trampa. Me tranquilicé, pero sólo por un momento. Una nueva duda me vino a la cabeza: ¿Ese trabajo lo buscó él, o se lo ofrecieron? Porque si era lo segundo, la cosa cambiaba mucho. Rechacé aquella idea y pensé adrede que la iniciativa había partido del cura. Pero ni eso me tranquilizó. Porque también fue él quien nos mandó a casa de Mari Pepa, y no creo que se hubiese imaginado lo que iba a hacer la buena señora. Me vino a la memoria lo que aquella tarde de la leña me había dicho Rafael: que don Anselmo era un instrumento en la mano de los ricos. También reflexioné mucho acerca de lo que me había dicho sobre el temor. Me hice el fuerte y me sacudí todos los pensamientos negativos.