Explore "Paredes, un campesino extremeño" by Patricio Chamizo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llegamos al pueblo todos agrupados, y llevamos a su casa a Senén. Fuimos después a una taberna donde todos los obreros iban en cuadrilla al volver de trabajos como la escarda, la siega, la corta de leña en el monte para los carboneros y piconeros; en fin, en épocas de bonanza, al volver del trabajo, por la tarde, en vez de ir directamente a casa, parábamos en aquella taberna. Nos sentábamos en torno a una mesa, o simplemente en corro, y con una botella de vino con una caña, bebíamos todos. Se cantaba flamenco. Había tres o cuatro buenos cantaores y dos que bailaban muy bien; había otro que recitaba poesías que ponían los pelos de punta. Mientras se cantaba y bailaba, otros clientes, obreros también, bebían en la barra sin reparar en nosotros. Pero, cuando recitaba aquel hombre una poesía, en el bar no se oía una mosca. Eran poesías que emocionaban, que llegaban a lo más hondo de los sentimientos.
Era normal que en el corro en torno a la mesa estuvieran sólo la cuadrilla que había estado trabajando junta ese día. Pero aquella tarde fue muy especial. La voz de lo ocurrido en Zarzarromero corrió de boca en boca. La taberna se hizo demasiado pequeña para acoger a tantos compañeros que querían sumarse a nuestra alegría. También preguntaban todos por Senén, pues se habían enterado del rapapolvo que le dio a aquel señor de Madrid.