Explore "El amigo de la muerte" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si Gil Gil no hubiera visto ya tantas cosas extraordinarias durante su viaje aéreo; si el recuerdo de Elena no ocupase completamente su imaginación; si el deseo de saber adónde le llevaba la Muerte no conturbase su contristado espíritu, ocasión muy envidiable era en la que se veía para estudiar y resolver el mayor de los problemas geográficos: la forma y la disposición de los polos de la Tierra.
Los límites misteriosos de los continentes y del mar polar, confundidos por eternos hielos; la prominencia o el abismo que, según opuestas opiniones, ha de señalar el paso del eje racional sobre el que gira nuestro globo; el aspecto de la bóveda estrellada, en la cual distinguiría entonces a un mismo tiempo todos los astros que esmaltan los cielos de la América del Norte, de la Europa entera, del Asia, desde Troya hasta el Japón, y de la parte septentrional de los dos Océanos; el ardiente foco de la aurora boreal, y, en fin, tantos otros fenómenos como persigue la ciencia inútilmente hace muchos siglos a costa de mil ilustres navegantes que han perecido en aquellas pavorosas regiones, hubieran sido para nuestro héroe cosas tan claras y manifiestas como la luz del día, y nosotros podríamos hoy comunicarlas a nuestros lectores.