Explore "El clavo" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Luego que hube dado la mano a la desconocida para ayudarla a subir, y que ella tomó asiento a mi lado, murmurando un «Gracias… Buenas noches…» que me llegó al corazón, ocurrióseme esta idea tristísima y desgarradora:
-¡De aquí a Málaga sólo hay dieciocho leguas! ¡Que no fuéramos a la península de Kamtchatka!