Explore "El escándalo" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
La catástrofe que me abruma se originó de una manera muy casual y prosaica, o sea por resultas de vulgarísimos accidentes. Verdad es que la pólvora estaba ya enterrada, a lo que vi luego, y que sólo faltaba leve chispa de lumbre para que sobreviniera el terremoto.
Sabe usted que desde la tarde de la célebre comida en casa de Diego, en que tan mal lo pasamos todos, no había yo vuelto a ver a Gregoria. Podrá decirse que la amistad y la cortesía me aconsejaban más que nunca no dejar de visitarla durante la ausencia de su marido; pero otras atenciones, menos desagradables para mí que el trato de aquella mujer, me hicieron diferir la visita hasta que, suponiendo ya de regreso a mi amigo, extrañé que éste no hubiera ido a verme, según su costumbre.