Explore "Sin un cuarto" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Rafael de… (no sé cuántas estrellas) frisaría a la sazón en los veinte o veintiún años (que era la edad que tenía entonces todo el mundo), y estaba dotado por la naturaleza y por la sociedad de una arrogante figura, de un pobrísimo entendimiento, de unos 80.000 reales de renta, que le entregaba por mensualidades su curador (pues era mayorazgo y huérfano), y de una encarnizada afición a los poetas, pero no a la poesía; a los artistas, pero no a las artes; a los cómicos, pero no a las comedias; lo cual quiere decir que era uno de aquellos profanos pegadizos, insoportables idólatras e inconscientes admiradores de las personas de fama, que no las dejan a sol ni a sombra y que suelen hacerles el flaco servicio de traducir al manchego de Sancho Panza, y contar de una manera sosa, incompleta y ridícula las ingeniosas excentricidades y humoradas que presencian y no comprenden.
Los seis poetas andaban siempre dando de lado al tal Rafael, sin poder quitárselo de encima, y, bien que no lo aborrecieran, pues en medio de todo era un bendito (dispuesto a referir y celebrar cuanto les oía, aunque no lo entendiese), ponían particular esmero en evidenciar a los ojos de todo el mundo que no tenían ninguna intimidad con aquel imbécil tan rico, o sea con aquel rico tan imbécil. -¡Así lo exigía el noble orgullo de los seis tronados discípulos de Apolo! ¡No querían ellos que se dijese, que se creyese, que se sospechase, si venderían de vez en cuando su buen gusto, su sana crítica, su brillante sátira, sus delicados nervios (crispados continuamente contra las tonterías) por el plato de lentejas que pudiera ofrecerles la pingüe renta de Rafael!… -¡Horror! ¡Abominación! -El poeta o el artista puede recibir dignamente protección y ayuda de parte de los ricos que amen sus obras, que las estimen, que las comprendan. El favor, la limosna, no se hace entonces al hombre, sino a las letras o a las artes. El conde de Lemos no era admirador y patrono del estómago de Cervantes, sino del Quijote, y de Persiles y Segismunda, y por eso su nombre durar a tanto como estos libros. -¡Para ser Mecenas es menester merecerlo! -El dinero no puede aspirar por sí solo a la gloria de protector del buen gusto. Es menester que vaya unido a algo más: ¡al buen gusto mismo, por ejemplo!