Explore "Epìsodios de Nochebuena" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Noche bendita! La paz y la unión reinan en el hogar doméstico. El estudiante, el sirviente, el militar, el marino, el empleado, el que trabaja en las minas, el dependiente de comercio, todos los que fuera de su casa mojan el pan cotidiano con el sudor de su rostro, procuran obtener licencia para pasar esta noche al lado de sus padres, tutores o padrinos. Por otra parte, los yernos olvidan desavenencias de familia, y llevan a su mujer a la casa de donde la sacaron. Háblanse los hermanos mal avenidos; reconcílianse los matrimonios casi disueltos; quién deja los vicios de todo el año; quién sus diversiones favoritas; quién la acostumbrada tertulia; quién a su novia; quién sus amores ilegítimos, y todos se reúnen en la casa patriarcal. Es una velada de santas memorias, en que se recuerda a los hijos que se llevó la muerte. Es una velada de esperanzas lisonjeras, en que se forman proyectos acerca del porvenir de los niños. Desándanse edades; recuérdanse las generaciones pasadas; cada cual conmemora todas y cada una de las Nochebuenas de su vida; éste refiere el peligro en que se encontró tal o cual 24 de diciembre; aquél la amarga soledad en que pasó alguna vez aquellas solemnes horas, a la presente tan felices; cantan los niños sencillas y tiernas coplas; ríen los padres tristes, y hablan los taciturnos, bendicen a Dios las mujeres abandonadas, al ver un rayo del antiguo amor en los ojos del extraviado marido; suspira la enamorada doncella porque esta noche no hablará con su novio, y trata de inclinar a la familia a que vaya a la Misa del Gallo, donde sabe que él la aguarda; y, en tanto, los viejos, que ya no existen como actores de la vida, sino como testigos de la vida ajena, medio se consuelan de haberlo perdido ya todo al verse reproducidos en sus hijos y en sus nietos. Y es que acaso vislumbran en aquel instante la idea de la solidaridad humana, de la mancomunidad de nuestros destinos, de la misteriosa unidad de esta peregrinación que cumplen las generaciones sobre la Tierra. ¿Quién sabe?
Con tan altos y nobles pensamientos, siéntanse hoy a un banquete de amor todas las familias dignas de tal nombre. ¡Desgraciados los que no conocen estas santas alegrías! ¡Más desgraciados aún los que reniegan de ellas!