Explore "Moros y Cristianos" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pasada la cumbre, no tardo en descubrir en la cañada próxima a un corpulento moro vestido de blanco, el cual araba patriarcalmente la negruzca tierra con auxilio de una hermosa yunta de bueyes. Parecía aquel hombre la estatua de la Paz tallada en mármol. Y, sin embargo; era el triste y temido renegado ben Munuza, cuya historia os causará espanto cuando la conozcáis.
Contentaos por lo pronto con saber que tendría cuarenta años, y que era rudo, fuerte, ágil y de muy lúgubre fisonomía, bien que sus ojos fuesen azules como el cielo, y rubias sus barbas como aquel sol de África que había dorado a fuego la primitiva blancura europea de su semblante.