Explore "La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas" by Alonso de Castillo Solórzano on Textopian. Read with annotations and highlights.
Verificase el hurto; engaña también Rufina á Garay, y ambos unidos toman el camino de Madrid
Con lo fingido de la historia, la cual traía Rufina bien pensada, comenzó á verter lágrimas, de manera que el buen Marquina se lo creyó todo, y la acompañó en el llanto: afectos todos del amor que en su pecho iba obrando la socarrona Rufina. Entre los dobleces del lienzo que enjugaba sus fingidas lágrimas, daba lugar para que sus ojos pudiesen ver las acciones de Marquina; y viendo cuánto se compadecía de su pena y lo bien que había creído su mentida relación, se dio por vencedora en la empresa que intentaba. Un buen rato estuvieron los dos, Rufina llorando y Marquina consolándola, y aunque este consuelo no era á todo ofrecerle remedio, porque aún no había soltado las riendas á su avara condición para que la liberalidad la echase de su corazón; considerando su buena cara, su aflicción y habérsele allí venido tan sin pensar, juzgó que el cielo se la trajo para gozo suyo. Era este el primer amor que Marquina había tenido, y en cualquiera persona esta pasión primera siempre viene con tantos accidentes, que excede á cuantas en este género hay en el discurso de la vida. ¿Ama Marquina? Sí, pues será liberal. ¿Admitió huéspeda? Pues saldrá mal de su agasajo. ¡Oh amor, pasión dulce, hechizo del mundo, embeleso de los hombres, cuántas trasnformaciones haces de ellos, qué de condiciones mudas, qué de propósitos desbaratas, qué de quietudes desasosiegas, qué de pechos descompones! El de este avaro hombre, conocido en esto por inhumano con sus prójimos, le trocó amor de manera, que hizo un liberal de un mísero y un Alejandro de un Midas; parecióle bien Rufina, amóla y ya será señora de su voluntad y hacienda. Muchas cosas dijo Rufina en su relación, que pudieran dejar sospechoso á Marquina de ser falsa, si la afición con que la estaba oyendo no le cegara los ojos y cerrara los oídos para que del discurso no pudiera conocer que le iba engañando; porque si Leonardo se anticipara á hablar á su padre en el empleo, claro estaba que no le negara á Rufina, teniéndole ventajas al otro pretendiente en la voluntad que de parte de la dama tenía en su favor; con esto hubo otras cosas que la bachillera de Rufina no previno, y la pudieran dañar para no salir con su intento; conténtese con haber hallado un amante, que por serlo creyera otras cosas menos verosímiles.