La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas

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Descubre Marquina el robo; cuéntase el viaje de Rufina y Garay; personas con quienes se reunieron en Carmona; da principio un pasajero á la novela de "Quien todo lo quiere, todo lo pierde."

Estaba pues el mísero Marquina afligido de ver que en cuatro días no hubiese vuelto á verle Rufina, que él tenía por Teodora, y así se valió de un monje de aquel monasterio, persona inteligente en Sevilla, para que le supiese qué diligencias hacía la justicia contra él, y qué se decía de la muerte. El monje lo tomó muy por su cuenta, y habiendo corrido por las partes donde de esto se podía tener noticia, no hubo nadie que le pudiese dar razón de lo que deseaba saber, con que volvió á decírselo á Marquina, muy contento de que pudiese libremente salir, dejando aquel retiro; con todo, él no se fió de lo que el religioso le aseguraba, y así, una noche se fué á casa de un confidente amigo suyo, á quien dio cuenta de su desasosiego, y él tomó á su cargo saber lo que había. Hizo la misma diligencia que el monje, y no halló rastro de nada. Acudió á la quinta, y con la llave maestra de la puerta de ella, que le dio Marquina, la abrió, y la halló sola de gente, y el macho de su amigo muerto; porque como nadie pudo cuidar de su sustento, acabó con la vida. De todo dio cuenta á Marquina, aconsejándole que podía salir y pasearse como de antes, con que él se holgó de haber perdido el macho, á trueque de verse vuelto á su quietud y sosiego, si bien no dejaba de sentir el no le haber buscado Rufina, que la había cobrado grande afición; mas atribuíalo á que como era mujer, estaría retirada por temor de la justicia. Volvió á su quinta, y á ella volvieron el hortelano y su mujer con los demás criados, que todos andaban á la sombra de tejado, como dicen, hasta ver sosegado aquel alboroto que en tanto miedo les puso.

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