Explore "Cuestión de ambiente" by Antonio de Hoyos y Vinent on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cogió con mano febril La Época, que en blasonada bandeja de plata la ofrecía un criado vestido con la librea roja y verde de la Casa; buscó una postura cómoda para su respetable humanidad en la pequeña bergère que junto a la encendida chimenea ocupaba; desplegó el periódico húmedo aún, aspirando con fruición el acre olor a tinta de imprenta, y se dispuso a leer lo que con tanta impaciencia deseaba hallar. No debía ser su flaco la machacona prosa del artículo de fondo, puesto que, haciendo una imperceptible mueca de desprecio, pasó por alto la columna y media que ocupaba y leyó el título del artículo que allí venía.
«Tardes de la Aldea», cuento, rezaba el rótulo. Miró la firma: «Juan Liste». ¡Majadero! ¿Qué sabría aquel chiquillo, que sólo salía de Madrid para pasar el verano en Biarritz y luego detenerse algunos días en París, lo que sucede en las aldeas? De seguro sería alguna papa como aquella de «Juanón y Mariona», publicada por él, días antes, en el mismo periódico. Pero, señor, ¿qué entenderán estos chicos de lo que pasa en el alma, de los amores, de las pasiones y de tantas otras cosas de que hablan con adorable frescura? Cierto que ella tampoco comprendía gran cosa, pero por lo menos no se metía en tales honduras. Venían después los ecos de sociedad: Baile en la Embajada de Inglaterra. Primero, descripción de la casa. Se la sabía de memoria. Después, minuciosa explicación de las galas que cada dama ostentaba. Todas bellas, elegantes, distinguidas. Sí, sí, «a otro perro con ese hueso». ¡Si sabría ella a qué atenerse sobre el particular! Excepción hecha de cinco o seis, realmente elegantes, las demás, con arreglitos caseros del año pasado iban tirando. Todo lo fue pasando por alto, hasta llegar a las gacetillas colocadas al final de la crónica. La primera, una boda: ¡valiente noticia! Todo el mundo estaba harto de saber aquel matrimonio. En la segunda se detuvieron sus ojos. ¡Gracias a Dios que encontraba una noticia interesante! Veámosla. «Se hablaba esta tarde en los círculos aristocráticos de una cuestión personal, surgida anoche a la salida de la Embajada inglesa, entre dos jóvenes muy conocidos en la buena sociedad madrileña.» Se alegró. No porque les deseara mal alguno, ¡Dios la librara! Ni sabía quiénes eran. Sólo porque, como se aburría, necesitaba de una comidilla sabrosa para entretener sus ocios.