Explore "Por qué hay un poeta más y un labrador menos" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
La noche era de plenilunio y en extremo deliciosa. No ya en el nocedal, que estaba a la parte de arriba de nuestra casa, sino delante de ésta, en un campillo sobre el cual se inclinaban unos frondosos avellanos que sobresalían de la pared del huerto contiguo, se iban reuniendo todos los vecinos que venían de las heredades, sentándose unos en las cañas de la envenatada carreta, y otros en unos maderos que mi padre iba depositando allí en verano para que no faltara leña en invierno.
Juan estaba también en aquella asamblea a la luz de la luna, y los chicos, perritos de todas bodas, como decía mi madre, nos habíamos ya hecho muy amigotes suyos y le molíamos a preguntas sobre su vida militar, que es la vida que más interesa a la gente menuda, no viendo en ella la violencia y la sangre que suelen acompañarla, y sí sólo los colorines, la música y los movimientos acompasados.