Explore "La resurrección del alma" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al amanecer del día siguiente, una nieblecilla blanca y espesa envolvía las cimas del pico Cinto y el Alem; pero el sol apareció a poco rato por las alturas de Urrállaga, derramando torrentes de viva y dorada luz, y la niebla abandonó deslumbrada aquellos últimos refugios. Jamás día más espléndido brilló en las Encartaciones, a no ser aquel en que sus indomables hijos despedazaron las soberbias legiones romanas, cuya pérdida había de llorar Augusto "suelta la barba y el cabello, dándose de cabezadas contra las puertas", como dice el bueno de Suetonio.
Sin embargo, Santiago ni aun quiso consentir en asomarse a la ventana a contemplar un diamante en cada hoja y cada flor, en que había depositado una lágrima la aurora. Fueron pasando todos los días de la semana, hermosos todos ellos, menos para la pobre Catalina, y llegó, por fin, el domingo. Las campanas de la iglesia parroquial del valle tocaban a misa primera.