Explore "La viña mágica" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
Lorenzo no era, ni mucho menos, lo que se llama un talentazo deshecho, ni pasaba, en punto a saber, de lo que sabe un pobre destripaterrones, que se suele reducir en aquellos valles y montañas a leer no muy de corrido, a escribir su nombre muchas veces a riesgo de poner verbigracia, Lorenzco por Lorenzo, y a estar al corriente de la doctrina cristiana y de lo más gordo de la administración municipal y provincial, merced esto último a la participación que todo vecino toma en la elección de concejales y en la de apoderados a las Juntas generales de Guernica; pero aun así, tenía Lorenzo frecuentes cavilaciones, y cavilaba con mucho seso, como vamos a ver trasladando aquí una de ellas.
-Pues señor -decía para sí-, tengo ya veintitantos años; el tiempo se va sin sentir y no vuelve; mi tía Turis, aunque no es vieja, está ya muy acabada con los disgustos que en otro tiempo le dio ese zoquete de Josetón; casa donde no hay mujer propia ni hijos está fría, desordenada y triste; hombre que no se casa de mozo no debe casarse de viejo; y, por último, esa Ramonilla de mis pecados me hace cada vez más gracia, a pesar de lo camueso que es el padre que Dios le dio.