Explore "Traga sardinas" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
El insigne fabulista alavés don Félix María de Samaniego casó en Bilbao, donde vivió mucho tiempo y dejó muchos recuerdos de su donoso ingenio. Samaniego es en Bilbao algo parecido a lo que es Quevedo en Madrid, o mejor dicho, en España; no hay agudeza de ingenio que no se le atribuya con más o menos verosimilitud. Sin embargo, se cuentan allí muchas que indudablemente son suyas, y a este número pertenece la anécdota que voy a contar. Es posible que esta anécdota no sea original del mismo Samaniego, y sí sólo una de aquellas imitaciones de que tan discreto ejemplo nos dio en muchas de sus fábulas, cuyo pensamiento pertenecía a los fabulistas que le precedieron, desde Esopo a Lafontaine; pero no por eso tiene menos gracia, a pesar de lo pícaramente que yo la voy a contar.
Samaniego tenía mucha afición a la villa de Marquina, que aunque chiquitita, es muy linda, apacible y honrada, y es en Vizcaya el pueblo de más recuerdos literarios, como que de allí eran los Mogueles, que escribieron en vascuence libros piadosos muy buenos y en castellano disertaciones filológicas muy discretas, y hasta hubo en la misma familia una señora que tradujo en lindos versos vascongados una colección de fábulas; de allí procedían los Astarloas, uno de los cuales dio a luz la Apología de la lengua vascongada, y dejó inéditos trabajos importantísimos sobre el mismo asunto; allí residió largo tiempo el ilustre Guillermo de Humboldt, estudiando y aprendiendo la lengua vascongada, para publicar luego sus doctísimas demostraciones de que aquella lengua es resto venerable y apenas adulterado de la que se habló en la generalidad de la península ibérica antes de la dominación romana; y, por último, de allí proceden los Munibes, uno de ellos fundador de la famosa Sociedad Vascongada, que dio origen a las de Amigos del País, y en cuya patriótica empresa invirtió la enorme suma de noventa mil ducados, dato histórico que yo he tenido ocasión de comprobar en el archivo del señor conde de Peñaflorida, digno nieto de aquel ilustre patricio que tiene su patriarcal hogar en Marquina.