Explore "El hombre del antifaz blanco" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una fotografía puesta en un cuadro no es un objeto difícil de encontrar, sobre todo si está dentro de una de esas cajas negras en que las señoras guardan sus tesoros, colocándolas debajo de una cama, cajas que no son, precisamente, una novedad. Mister Mason hubiera querido que le acompañase Elk, pero el enjuto sargento había marchado a reunirse con Bray. Se vigilaba el grupo de casas en que se hallaba situado el departamento de Luís Landor. Bray había telefoneado desde allí que ni el señor ni la señora Landor se encontraban en casa. Era evidente que algo anómalo ocurría allí, porque la criada, que había vuelto ya y que aguardaba que le abriesen la puerta, contó a Bray que le habían dado licencia desde muy temprano y que habían surgido últimamente desavenencias en aquella pareja tan bien unida hasta entonces. Al darle permiso le habían advertido que no hacía falta que volviese hasta última hora. Bray la había encontrado esperando llena de aflicción fuera de la casa y había logrado convencerla de que lo mejor era que se fuese a dormir en casa de una hermana que vivía cerca de allí.
-Un detalle le sonsaqué -dijo Bray por el aparato. El piso se halla atestado de curiosidades sudafricanas. Si hemos de creer lo que esta chica cuenta, hay dos cuchillos iguales al arma con que ha sido cometido el crimen; están colgados de un cinto que hay en el vestíbulo. Me describió con todo detalle la vaina y afirmó que ambos tienen las iniciales de Landor y que éste los ganó como premios en algún concurso de Sudamérica, donde residió algunos años.