Explore "El jeroglífico" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquello no se parecía en nada al Scotland Yard que Kathleen Kent se había imaginado. Ciertamente era una especie de patio (yard), pues la sucia calle terminaba en una tapia al otro lado de la cual se vislumbraban las rojas chimeneas y los altos mástiles de numerosos vapores. Al mismo tiempo estaba flanqueada por las fachadas de un grupo de sombrías viviendas.
El conductor del coche se detuvo frente a una de dichas casas, cerca de la tapia, y se abrió una puerta. Luego, el hombre que se sentaba a su lado y que en todo el rato sólo había contestado con monosílabos a sus repetidas preguntas, la agarró del brazo y la hizo entrar apresuradamente en la casa. La puerta se cerró enseguida tras ella, y la joven comprendió el peligro que corría. Desde el primer momento tuvo el presentimiento de que, allí había algo turbio, presentimiento que se consolidó al ver que el coche se dirigía en dirección opuesta a donde ella imaginaba se encontraba Scotland Yard. - Después, cuando la puerta de la casita se cerró de golpe y una mano la agarró fuertemente del brazo, al mismo tiempo que una voz le susurraba al oído que, si gritaba, el propietario de dicha voz le daría un disgusto, Kathleen comprendió que el disgusto sería grave y que valía más no soltar ningún chillido, y siguió sin protestar a su captor. Subieron por una larga escalera, deteniéndose ante una puerta que el de la voz abrió de un empujón.