Explore "El misterio de la vela doblada" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
Difícilmente se le ocurriría a alguien asociar a las brigadas de obreros que, bien protegidas las piernas con botas altas hasta los muslos, bajan por la noche a las subterráneas alcantarillas de Londres, con el fornido vicecónsul en Durazzo. Sin embargo, se trataba de un hombre de poca imaginación, que vivía en Lambeth y no tenía idea de que existía un punto llamado Durazzo, aun cuando éste era el culpable de sacar de la cama a aquel cómodo funcionario a las primeras horas de la mañana -no sin gran renuencia por su parte y un uso violento e inmoderado del idioma- para llevar a cabo ciertas investigaciones en los atestados bazares.
Al principio sus esfuerzos fueron en vano, porque había en Durazzo muchos Hussein Effendi. En vista de ello mandó una invitación al cónsul de los Estados Unidos para que bebiera un traguito y le ayudara en sus pesquisas.