Explore "El rostro de la noche" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
Es difícil algunas veces trazar una línea a través de la vida humana y decir con exactitud: «Aquí comienza una carrera». Martin Elton había venido a ser un criminal por una serie natural de sucesos relacionados íntimamente, y teniendo todos como base un deseo común a la humanidad en todas sus categorías, que es el de vivir sin trabajar.
Fue el resultado de esta gran escuela que fundó él mismo en un temprano período de su vida, sin otros bienes que el atractivo de sus maneras, la habilidad de conversar agradablemente y acertar a ser el huésped de amigos explotables. En todos los casos pagaban sus cumplimientos la mayor parte de los dividendos, y desembarazado del agobio de una conciencia, con un restringido sentido del honor, ingresó naturalmente, por derecho propio, en la sociedad de hombres y mujeres que vivían de la agudeza de su intelecto. Él había frecuentado las casas de juego, en una de las cuales conoció a Dora, encontrando en ella una compañera igualmente libre de escrúpulos estúpidos; había tramado y cometido íntimamente latrocinios que tenían algo oscuro en su desarrollo; había chapoteado en las huellas enlodadas de ciertos fraudes y había, en suma, realizado empresas de provechoso resultado.