Explore "Brenda" by Eduardo Acevedo Díaz on Textopian. Read with annotations and highlights.
En el estío de 187… Raúl Henares habitaba en uno de los sitios más pintorescos de las cercanías de Montevideo. La casa quinta ocupaba una posición alta con vistas deliciosas a diversos rumbos, y la circuían bosquecillos de árboles frutales, a su vez resguardados por largas paralelas de sauces de lujoso verdor. La belleza del conjunto, la corrección de los detalles, la armonía de las líneas y la elegancia de las formas, denunciaban en el edificio fuerte, sobrio de adornos y relieves, higiénico y proporcionado, la morada y la obra de un ingeniero de buen gusto y talento. A un flanco, a manera de seto, se extendía una línea de tunas e higueras silvestres, lugar de cita de los bulliciosos tordos, que acudían en bandas desordenadas en la época del celo a disputarse sus amores y esparcirse como negros presagios sobre los terrenos de labranza. Al frente veíase el mar, cuyas irritadas olas en días de tormenta cubrían todo el lecho de arenas de las playas para romperse luego contra deformes peñas, asemejándose con sus dilatadas crestas de bullente espuma a considerables escalones de jinetes adornados de penachos blancos, que vinieran a estrellarse a toda brida contra sólidos cuadros de veteranos. Detrás, a poca distancia, divisábase otra hermosa quinta, cuya vegetación simétricamente distribuida, indicaba una mano inteligente y cuidadosa. Enmedio de tupidas arboledas, surgía una casa blanca y risueña, que servía de estancia estival a una familia opulenta, si bien compuesta sólo de dos miembros, según el dato comunicado a Raúl por su doméstico Selim, que en materia de indagaciones minuciosas de vecindad no desdecía de la costumbre de sus congéneres.
Algún tiempo hacía que Raúl Henares habitaba aquel sitio, sin que hasta entonces hubiese tenido ocasión de contraer alguno de esos vínculos pasajeros o durables que la proximidad forma entre personas que residen dentro de una zona determinada.