Explore "Grito de gloria" by Eduardo Acevedo Díaz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ella presentía la proximidad de un gran dolor.
Pero era uno de esos temperamentos que lo sofocan, que lo reconcentran y lo anidan en el pecho, aunque el esfuerzo los deje inquietos, trémulos, adustos, sin más manifestaciones externas que una palidez intensa, un brillo de fiebre en las pupilas y una punzada aguda en la entraña que sólo en la soledad se resuelve en sollozos. De estos dolores que tienen miedo de ser penetrados, por lo mismo que son sinceros y profundos, era el suyo. Sus centros nerviosos se resentían del esfuerzo, y de ahí que la mente divagase aturdida y el corazón empezase a golpear violento como quien pide aire desde el fondo de su encierro. No quería llorar, a pesar de sus ansias. La amargura de su padre sería menos. ¡Cuánta ternura delicada con el herido, y cuánto cariño con él, en su afán doliente! Si ella cedía, ya no abría enfermera; no más tino, no más atención inteligente en las horas crueles, porque la desesperación la haría su presa y el delirio su juguete.