Ismael by Eduardo Acevedo Díaz — Read

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Mientras que sus bizarros tenientes tomaban en la forma que hemos visto la iniciativa de la acción sangrienta, por él dirigidos; y en tanto que Pedro José Viera con su milicia provista del armamento y municiones de que careciera al principio, sublevaba el distrito de Paysandú con el apoyo eficaz del capitán Bicudo, D. José Artigas, a quién la junta de Buenos Aires había conferido el grado de Teniente Coronel de Blandengues, y que desde muchos días atrás había pisado tierra en las Huérfanas, asumía el mando superior provisorio de todas las milicias de caballería organizadas al sur del Río Negro, de los blandengues y de las compañías de infantería del regimiento de patricios, que debían constituir con dos pequeñas piezas de campaña la base de su columna.

En los primeros días de Mayo el movimiento insurreccional llegó a su período álgido, y en las vastas comarcas entonces habitadas apenas por setenta mil almas, todos los hombres útiles vivían en los campamentos atraídos por el prestigio de la causa revolucionaria y agitados por la pasión local, que en rigor constituía el fondo de la desobediencia, y la fuente inagotable de las rebeldías heroicas; pues que, dividido ya el campo entre europeos y tupamaros, estos últimos negaban la existencia de todo vínculo social o político con sus antiguos dominadores, considerándose una familia distinta como si dijésemos, una entidad etnológica en pugna con la raza de la vieja colonia, y reclamaban para sí la posesión y tranquilo goce de las soledades en que se habían formado y desenvuelto sus instintos, que en verdad como tales, eran fuerzas más vivas y enérgicas que las ideas y por lo mismo de acción más rápida para demoler hasta en sus cimientos el edificio vetusto, sin dejar piedra sobre piedra.

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