Read "Los exploradores españoles del siglo XVI" by Charles Fletcher Lummis online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Si alguna vez fuese el lector a Méjico,-y espero que pueda ir, pues esa antigua ciudad, que era ya vieja y populosa cuando nació Colón, está llena de romántico interés-, le mostrarán, en la Rivera de San Cosme, el sitio histórico que se designa todavía con el nombre de "El Salto de Alvarado". Es ahora una calle ancha y urbanizada, con su tranvía, sus hermosos edificios, animada con el vaivén de gente extraña y contenta, sin que pueda observarse en aquel sitio nada que recuerde los terrores de la noche más cruel que relata la historia de América: la llamada "Noche Triste".
El salto de Alvarado se cuenta entre las proezas más famosas de la historia, y el que lo dió fué una de las figuras más notables entre los exploradores del Nuevo Mundo. En la primera gran conquista se condujo gallardamente, y con el relato de las hazañas que realizó entonces y después, podría componerse una novela fascinadora. Alto, guapo, de rubios cabellos y encendida tez, joven, vehemente y generoso, valiente soldado y agradable compañero, era Alvarado el amigo predilecto así de los españoles como de los indios. Aun cuando por algún motivo no era bien quisto de Hernán Cortés, constituía su brazo derecho, y durante la conquista de Méjico estuvo generalmente en los puestos de mayor peligro. Habíase educado en un colegio: escribía con letra grande y clara, lo cual no era muy común en aquella época, y su firma era muy legible. No era un gran caudillo como Cortés, pues su valor daba a veces al traste con su prudencia; pero, como oficial, en el campo de batalla mostrábase tan intrépido y denodado como el que más.