Read "Los exploradores españoles del siglo XVI" by Charles Fletcher Lummis online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Al gobernador Los Ríos no le impresionó el heroísmo de aquel pequeño grupo, y rehusó prestarle auxilio. Su situación parecía desesperada; pero el jefe no se amilanó. Determinó ir él mismo a España y dirigirse personalmente al Rey. Esta me parece a mí que fué una de sus más notables empresas. Aquel hombre, cuya niñez se deslizó entre cerdos, y que en su edad viril guardó rebaños de hombres rudos y mucho más peligrosos; que nada sabía de libros ni de etiquetas cortesanas, presentándose confiada, pero modestamente en la deslumbradora y rígida corte de España, mostraba otra faceta de su alto valor. Era lo mismo que si un deshollinador de Londres fuese mañana a pedir audiencia y mercedes a la Reina Victoria.
Pero Pizarro supo salir de aquélla, como de todas las otras crisis de su vida, de una manera honrosa. Estaba todavía sin ropa y sin un maravedí; pero Luque hizo una colecta para él de mil quinientos ducados, y en la primavera del año 1528 embarcó Pizarro para España. Llevó consigo a Pedro de Candía y algunos peruanos, con varias llamas, telas primorosamente tejidas por los indios y algunas joyas y vasijas de oro y plata para corroborar su relato. Llegó a Sevilla durante el verano, y fué en el acto encerrado en un calabozo por Enciso, en virtud de una cruel y antigua ley que por mucho tiempo prevaleció en todos los países civilizados, que permitía encarcelar por deudas. La historia de sus hechos no tardó en divulgarse, y por orden de la Corona fué puesto en libertad y llamado a la Corte. De pie ante el arrogante Carlos V, el analfabeto soldado contó su historia con tanta modestia, de un modo tan varonil y con tal claridad, que el emperador derramó lágrimas al oir el relato de tan horribles sufrimientos y se entusiasmó ante tan heroica entereza.