Read "Los exploradores españoles del siglo XVI" by Charles Fletcher Lummis online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Ahora que hemos seguido a Pizarro hasta el Perú; ahora que va a conquistar la tierra maravillosa que tan incomparables contrariedades y sufrimientos le costó encontrar, debemos detenernos un momento para decir cómo era aquel país. Esto es tanto más necesario, cuanto que se han propalado por el mundo tan falsos y tan disparatados relatos acerca del "Imperio del Perú" y del "Reino de los Incas" y otras sandeces por el estilo. Para comprender lo que fué la conquista tenemos que saber antes lo que había que conquistar, y para ello es necesario esbozar en pocas palabras la pintura del Perú, tal como nos la han dado con su autoridad algunos historiadores grotescamente equivocados, y decir después cómo era realmente el Perú, según se ha demostrado gracias a modernas investigaciones.
Nos han contado que el Perú era un gran imperio, rico, populoso y civilizado, gobernado por una larga serie de reyes, que se llamaban Incas; que tenía dinastías y nobleza; trono y corona y corte; que sus reyes conquistaban vastos territorios y civilizaban a los vecinos salvajes que conquistaban, por medio de sabias leyes y de escuelas y de otros instrumentos de economía política; que tenían caminos militares mucho mejores que los que construyeron los romanos, de mil millas de longitud y con prodigioso pavimento y varios puentes; que aquella portentosa raza creía en un Sér Supremo; que el rey y todos los que tenían sangre real en sus venas eran inconmensurablemente superiores al común del pueblo, pero que eran bondadosos, justos, paternales e ilustrados; que había regios palacios en todas partes; que tenían canales de cuatrocientas o quinientas millas de largo, y ferias regionales y representaciones teatrales de tragedias y comedias; que tallaban esmeraldas con herramientas de bronce, arte que es hoy desconocido; que el gobierno verificaba censos y educaba a las masas; y que, así como la política de los aborígenes de Méjico era la política del odio, la de los reyes Incas era una política de amor y de suavidad. Sobre todo, se nos ha hablado mucho del largo linaje de monarcas incas, la familia real cuyo último rey, Huayna Capac, murió poco antes de la llegada de los españoles. Se le representaba repartiendo el trono entre sus hijos Atahualpa y Huascar, quienes pronto pelearon y empezaron la guerra cruel y fraticida con ejércitos y otros procedimientos de pueblos civilizados. Entonces, se nos dice, llegó Pizarro y se aprovechó de esa guerra intestina; azuzó a un hermano contra el otro, y así pudo al fin conquistar el imperio.