Read "Los exploradores españoles del siglo XVI" by Charles Fletcher Lummis online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Pero en medio de su gozo al ver realizados sus dorados ensueños-y casi podemos imaginar lo grandes que se sentirían al verse ya ricos, después de una vida de pobreza y de sufrimientos,-los españoles se vieron bruscamente sorprendidos por menos placenteras realidades. Las maquinaciones de los indios, de que ya se había sospechado, ahora no daban lugar a dudas. De todas partes llegaban noticias de un levantamiento. Se anunciaba que doscientos mil guerreros de Quito y treinta mil de los caníbales caribes se habían puesto en camino para caer sobre la pequeña fuerza de los españoles. Rumores de esta clase siempre suelen ser exagerados; pero entonces tenían probablemente fundamento. No otra cosa podía esperar quien estuviese tan familiarizado con el carácter de los indios como lo estaban los españoles. De todos modos, nuestro juicio de lo que sobrevino debe guiarse no solamente por lo que era cierto, sino más bien por lo que los españoles creían que lo era. Ellos tenían motivos para suponer, y no cabe dudar que así lo suponían, que las maquinaciones de Atahualpa traían una fuerza muy superior contra ellos, y que su vida estaba en inminente peligro. La inmensa riqueza que acababan de adquirir les ponía aún más intranquilos. Es una fase curiosa pero común de la naturaleza humana, que no nos damos cuenta de la mitad de los muchos peligros ocultos que amenazan nuestra vida, hasta que hemos adquirido algo que nos hace la vida más agradable. A menudo vemos cómo un hombre valiente se vuelve de pronto cauteloso, y hasta ridículamente medroso, cuando tiene una esposa querida y algún hijo que cuidar y proteger; y dudo que ningún muchacho travieso haya llegado a los veinte años sin que la posesión de algún pequeño tesoro le haya hecho pensar de momento en las muchas cosas que podrían quitarle el gusto de disfrutarlo. Entonces ve y presiente peligros que antes nunca se le había ocurrido suponer.
Los españoles tenían ciertamente suficientes motivos para temer por su vida, sin pensar en otra cosa; pero la repentina riqueza, que les prometía un brillante y bien ganado porvenir, sin duda agudizaba más sus aprensiones y les acuciaba a hacer más desesperados esfuerzos para salvarse.