La Divina comedia by Dante Alighieri

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Cuando Aquél que ilumina el mundo entero desciende de nuestro hemisferio, de tal modo que el día se extingue en todas partes, el cielo encendido antes por él solo, aparece súbitamente sembrado de luces, en las cuales se refleja una sola. Y aquel estado del cielo me vino a la imaginación, cuando la enseña del mundo y de sus jefes cerró su bendito pico; porque brillando mucho más todos aquellos vivos resplandores, entonaron suaves cantos, que han desaparecido de mi memoria. ¡Oh dulce amor, que bajo aquella riente luz te ocultas! ¡Cuán ardiente me parecías en medio de aquellos efluvios sonoros, que sólo respiran santos pensamientos!

Después que las preciosas y brillantes joyas de que vi adornada la sexta estrella cesaron en sus cantos angélicos, me pareció oír el murmullo de un río que límpido desciende de roca en roca, mostrando la fecundidad de su elevado manantial. Y así como el sonido adquiere su forma en el cuello de la cítara, y en los orificios de la zampoña el soplo del que la toca, así también subió de improviso aquel murmullo por el cuello del Aguila, como si éste estuviese perforado. Prodújose allí una voz, que salió por su pico en forma de palabras, según las esperaba mi corazón, donde las escribí: -Debes ahora mirar fijamente-empezó a decir-aquella parte de mí misma que en las águilas mortales contempla y soporta la luz del Sol; porque entre los fuegos que componen mi figura, los que hacen centellear el ojo de mi cabeza tienen un grado de luz mayor que todos los demás. Aquel que, haciendo las veces de pupila, luce en medio, fué el cantor del

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