Read "Ricardo" by Emilio Castelar online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Vencidos los obstáculos que la timidez de Ricardo y la discreción de Elena opusieron a la felicidad de ambos, cuanto más se conocían, más profundamente se amaban. La disposición de aquellos dos seres a lanzarse el uno en brazos del otro, tenía tal fuerza irresistible, que, al cumplirse y realizarse por fuerza, se encontraron ambos en el cielo y vivieron por algunos días en esos felices instantes en que ni se siente siquiera el peso de la vida. Todo sonreía en torno suyo a causa de que interiormente sonreían sus almas henchidas de las más vivas esperanzas. ¡Cuán hermoso el mundo iluminado por el amor! El cielo inmenso brilla con esplendor antes no visto, y parece que en sus arreboles vuelan genios benéficos, ángeles de luz y de bendición, los cuales traen de Dios mismo promesas de vida, que afirman el goce perpetuo de tanta y tan incomunicable ventura.
El alba y la tarde; el crepúsculo matutino con sus tintas blancas y el crepúsculo último con sus tintas rojas; la estrella que brilla sobre el ocaso y la estrella que brilla sobre el oriente; la luz mortecina de la luna con toda su tristeza y la luz vívida del sol con todos sus ardores; el mar en calma o el mar en tormenta podrán produciros afectos de dulce melancolía o afectos de exaltado placer, pero siempre sonreirán bellos y amorosísimos a vuestros ojos cuando los tiña el reflejo de vuestra propia felicidad.