Explore "La bola" by Emilio Rabasa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Amaneció el día siguiente, y con él mis inquietudes y zozobras, a tan alto grado puestas, que no parecía sino que me estaba encomendada la parte política y mañosa de la revolución. Y cuál no sería mi sobresalto, cuando mi madre, más blanca que esta hoja de papel, me anunció que el señor Jefe político me llamaba a su oficina, con la advertencia de que pasara por allá sin pérdida de tiempo.
Mi madre me dio las noticias que circulaban como nuevas en San Martín, en tanto que yo me vestía a toda prisa. Madrugaban, por cierto, las novedades, pues apenas serían las siete de la mañana; y eran aquellas, que Coderas no había pegado los ojos en toda la noche, pues un correo del gobierno le trajo papeles importantísimos y muy numerosos; sobre todo muy numerosos, pues los políticos de San Martín no comprendían una alarma sin su resma de papel florete. Decían también las lenguas mejor movidas y más resbalosas, que entre aquellos pliegos los había que comunicaban reservadamente una derrota sufrida por el Gobierno, y la orden para imponer una contribución extraordinaria en aquel distrito tan digno de mejor suerte, como decía Severo.