Explore "La bola" by Emilio Rabasa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Día llegará, si el lector y yo seguimos nuestras respectivas tareas adelante, en que pueda y deba contarle, cómo Sabás Carrasco llegó a estar sometido a mi férula y esperanzado en mi buena disposición hacia él, como hoy se dice. Sepa, mientras tanto, que llegó esa vez, corriendo los años, y que hasta entonces pude averiguar por qué se me ofreció la Secretaría que aquel desempeñaba tan a gusto y sabor del ínclito Coderas. Y como no hay para qué mantener al lector en duda y desasosiego, refiérole en este capítulo nono, lo que el susodicho Carrasco me contó, aunque haciéndole gracia de ociosos pormenores.
La noche aquella en que tropecé con el caballo de Soria, acababa éste de llegar del Roblar, llamado por el Jefe político, y trataban de lo que debiera hacerse en San Martín los dos ya nombrados y Cañas, contándose además como necesario asistente, el fidelísimo Carrasco, por si algo se ofreciera digno de estamparse en letra redonda y clara. Allí quien lo valía era el astuto síndico; y con su maligno ingenio, propuso que se obligara a Don Mateo a precipitar las cosas, calculando acertadamente que más valía empujarle inmediatamente a una bola no preparada, que no esperar a que él se levantara en armas cuando estuviese apercibido para ello y en perfecta relación con el general Baraja, y el Lic. Pérez Gavilán.