Explore "La bola" by Emilio Rabasa on Textopian. Read with annotations and highlights.
No comprendía yo cómo estando ceñido de cuerdas todo el cuerpo y encerrado en tan oscuro cuarto, podía no obstante ver marchar a los soldados del Gobierno, que uno a uno pasaban delante de mí; pero el caso es que yo los veía, y oía sobre todo el golpe de sus gruesos zapatos sobre las piedras de la calle. Pasaba uno marchando a compás con precisión admirable, de máquina; se alejaba y cuando el ruido de sus tacones se debilitaba, otro le sucedía, siguiendo el mismo compás seguro y monótono. ¡Singular manera de entrar un ejército en plaza vencida!
Los soldados se sucedían sin interrupción, y aquello no tenía término posible; pero la calle estaba solitaria, y la gente curiosa no asomaba por puertas ni ventanas. En esto sonó una campana pausadamente: "Llaman a misa" me dije; pero no era así: después de tres golpes, la campana calló. Mucho espacio seguí viendo soldados y oyendo su fastidioso compás de marcha; al fin me dormí y no recuerdo más.