Explore "La bola" by Emilio Rabasa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el sol coronó la sierra de Oriente, el viejo Lucas despertó, buscando aguardiente y algún bocado para entonar el cuerpo. Permanecíamos encerrados en la única pieza de la casa, y yo me paseaba inquieto, nervioso y agitado, con la desazón de quien presiente, no de quien teme, sucesos próximos y graves. No había medio de darme punto de reposo, y sólo a reiteradas instancias del viejo y Minga tomé algún alimento desabrido, de los que acostumbra y prefiere la gente de nuestros campos.
En medio de mis revueltas ideas, relativas en su mayor parte a los acontecimientos que esperaba, algún pensamiento me vino en que figuraron las imágenes del buen cura y su sobrina. ¡El pobre anciano iba a afligirse al notar mi separación, y su irritable carácter descargaría sus fuegos sobre la encantadora Felicia! Ignorando mi paradero, en tan difíciles circunstancias, no sabría la niña qué decir a Remedios, si ésta me enviaba algún recado. ¡Oh, no! Era preciso hacerles saber que sano y salvo, me encontraba fuera del pueblo, pues si decía mi escondite, el Padre Morojo era muy capaz de mandarme aprehender, previo el compromiso de que no se me hiciera más daño que el de meterme en la cárcel.