La bola by Emilio Rabasa — Read

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Todos los vecinos de San Martín tomaron parte en las emociones de la bola, ya disfrutando del triunfo o celebrándole por simpatías, ya llorando a un pariente o soportando la decepción de la derrota. Sólo un hombre superior, que vivía en las encumbradas regiones de su talento, fue indiferente a todo y miraba con igual desprecio a vencedores y vencidos: este hombre era Severo. Ni sufrió ni medró, continuó en sus chismes de mala ley, persuadido de que en el Juzgado no podía tener superior ninguno, así mandaran de la capital del Estado al jurisconsulto de más polendas y nombradía.

Don Mateo no fusiló a nadie, y aun recomendó al Doctor Villarena mucho cuidado en la amputación que de un brazo se hizo al desdichado Soria.

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